jueves, 19 de agosto de 2010

Capitulo 1

Mi madre me lleva al reformatorio sin decir ni una palabra. Perfecto. Ahora yo soy la mala. Hago lo que me da la gana. Odio que controlen mi vida.
Cuando llegamos a la entrada, me bajo rápidamente del coche, sin dirigirle ni una mirada a Joan. No se lo merece, en serio. Pero ella si me mira, siento sus ojos puestos en mi espalda. Me da igual. ¿Ella no quería deshacerse de mí, como tantas veces había dejado caer? Pues ya lo ha conseguido. Fue fácil hacer lo que hice, sin pensar en las consecuencias. La adrenalina fue suficiente incentivo.
Como soy menor de edad, la juez decide que mi “encarcelamiento” tenga lugar en el reformatorio Jonh Stones, según dicen, el más estricto de toda Inglaterra. Ya… como si no dijeran lo mismo de todos.
Una mujer baja y algo gorda aparece a través de la puerta con una sonrisa de lo más tirante. Se nota que no sonríe mucho. “anda, con Kyle”, pienso, recordando a mi antiguo compañero de pupitre, un chico que vestía todo de negro y que no hablaba con nadie. Bueno, conmigo sí. Me mola el royo gótico, aunque yo no lo sea. Pero no los discrimino ni nada, y la verdad, me parece una estupidez que la gente lo haga. Así que más o menos era una especie de amigo, pero tampoco salíamos juntos ni nada de eso. Solo nos veíamos en el instituto. Era mi “amigo del instituto”.
La mujer mira a mi madre, y luego me mira a mí. Se lo que piensa: Estas dos no son madre e hija.
“bueno, pues siento decepcionarte, pero así es la vida”
La verdad, Joan y yo somos como la noche y el día. Ella, toda pintada, arreglada, perfumada, empalagada… yo, sencilla, pasota, indiferente, aunque también perfumada. Joan es rubia; yo morena. Ella tiene los ojos verdes; yo más bien tirando a grises; ella es alta( 1´76) y muy estilizada; yo soy un retaco( 1´56) y un saco de huesos. Pero incluso así, somos madre e hija. Como intuiréis, he salido a mi padre, aunque no lo he visto nunca, solo por foto. Mi padre, Kevin, el más listo de los tres: se pira de nuestra vida para no tener que aguantar a Joan. Yo había tenido que crecer un poco más para llegar a esa conclusión. Y aquí estoy. A punto de formar parte de la historia de este “terrible” reformatorio. Se iban a llevar una desilusión, por que aquí no había nada que reformar.
-Buenos días-dice la mujer, su pelo recogido en un pulcro moño en lo alto de la cabeza-usted debe ser Joan Foster-mira a mi madre un segundo más para luego dirigir sus oscuros ojos negros a mi-tu debes de ser Alex.
Sonrío irónicamente. “No, soy tu madre”
-Si, somos nosotras-dice mi madre, con el tono de voz que emplea para hablar con todo el mundo menos con su hija-encantada.
Después de darse la mano y dedicarse cumplidos recíprocos sobre pelo, ropa y zapatos, mi madre me da un rápido beso en la mejilla que yo no devuelvo y sale pitando rumbo a su nueva vida sin hijos. La verdad, son solo seis meses, pero eso para ella es una eternidad. Y para mi, menos mal.
La mujer me guía hacia el interior del edificio. Echo un último vistazo a la fachada. Vale, da un poco de yuyu, tan gris y cerrado. La verdad, parece una cárcel.
Mi amiga Juliet(Jules) y yo habíamos pasado dos noches enteras buscando información en algunos foros o chats acerca de los reformatorios. Teníamos una idea general de lo que eran: lugares donde mandaban durante tiempo sin determinar a jóvenes criminales que aún no han cumplido la mayoría de edad.
Pero queríamos sabe más acerca de las instalaciones, como se comía, si había calefacción en las habitaciones, si había habitaciones…vamos, información primordial.
Algunos que decían haber pasado tiempo en algún reformatorio hablaban de mala alimentación, compartir duchas, beber del suelo…vamos, que exageraban casi todos.
Cuando supe que me mandaban al Jonh Stones, empecé a buscar información sobre él, pero ¡sorpresa!, no había casi nada. Solo donde se encontraba y los nombres que había tenido a lo largo de la historia. ! Qué ayuda saber que antes de llamarse Jonh Stones se llamaba Port Marine! En fin, que no había ni una sola foto.
Por eso me coge de sorpresa el aspecto tan apagado que luce. Bueno, tampoco podía esperar dibujitos en las paredes y mensajes de amor en las ventanas.
La mujer me dice que me espere en el vestíbulo. Le hago caso, para variar. No me apetece meterme en problemas el primer día. El color de las paredes es amarillo, pero se ve que con el paso del tiempo, ha ido cogiendo una tonalidad mas bien beige. Y no hay ni un solo banco, o silla, o algún tipo de asiento. Todo está despejado, por lo que parece aún más grande de lo que es. Me da por mirar por la ventana, aburrida. Bueno, era de esperar que se pusiera a llover. Me encanta la lluvia. Jules dice que soy super rara, con eso de que me gustan los días oscuros, lluviosos y fríos, a diferencia de una adolescente normal, que prefiere un día caluroso y soleado para lucir palmito. En fin, que decir si soy así…
La mujer aparece a la media hora, y trae una bolsa con un contenido más que sospechoso.
Me la tiende para que la coja.
-Tendrás que ponerte esto-me informa, mientras yo abro la bolsa un poco reacia a ver su contenido. Vale, esto no puede ser.
-Pero…-no me sale ninguna otra palabra, o silaba, o sonido audible.
Miro con detalle la ropa, MI futura ropa. Y me quedo totalmente a cuadros. ¿Pero que es esto?
Tampoco he sido tan mala, ¡solo le he pegado una bofetada a una niña para librarme de una madre que quería deshacerse de mí! No me merezco tal castigo.
Veamos, ¿quién se pone a estas alturas del siglo XXI un mono naranja? Decidme, ¿quién?
Lo suponía. Ni un alma, a no ser que hayas cometido triple asesinato y estés metido en Guantánamo.
Miro a la mujer, incrédula, pero aún así, desafiante.
-¿No pensará que voy a ponerme esto, verdad? Por que la lleva clara…
La mujer me sonríe con educación. Con demasiada educación. No me gusta un pelo.
-Alex, querida, eso lo tendrías que haber pensado antes de cometer el delito.
¿Delito? ¿El delito? Esta tía está majareta. Ni que hubiera asesinado a mi madre…
Solo le he pegado, como hace muchos adolescentes a lo largo de su vida, ¡a una niña! Solo eso.
-Te diré donde está el baño, para que te cambies-finaliza la mujer, y me hace un gesto con la mano para que camine.
Espera, espera, espera. ¿Como que “El baño”? no me lo puedo creer. ¿Solo hay un baño?
Esto se está poniendo feo. Así que lo de compartir duchas no era una trola…me preocupa mucho saber que el mismo chico que hizo ese comentario afirmó que se bebía del suelo…
Hago memoria, y en ningún reformatorio te obligan a vestir como una presa, y todos tienen más de un baño. Por dios, ¿donde demonios me he metido? Normal que no aparezca en Google…
Intento no ponerme dramática mientras la mujer me enseña donde está el ÚNICO baño. Cuando entro, me doy cuenta que lo de ÚNICO es el adjetivo perfecto para describirlo. Parece el baño de un viejo, de esos que se hacen pis por todos lados y se olvidan de lavarlo durante mucho tiempo. Lo tenía que haber imaginado. Esa tía no tenía mucha pinta de lavar nada, con su moño y su manicura perfectos.
Encima huele raro. No mal, sino raro. Hago un enorme esfuerzo por aparentar que no acabo de ver una cucaracha recorriendo el suelo y escabullirse por la rejilla de ventilación, y entro en uno de los cubículos donde está el retrete. Me da asco apoyarme si quiera en las paredes. Me las imagino pegajosas, llenas de a saber qué. Con un suspiro largo y resignado, me voy quitando mis Converse en primer lugar, mis pantalones vaqueros con una pequeña costura donde se puede leer “I LOVE ROCK” y mi camiseta( un poco friki, por que no decirlo), de Zero, mi personaje predilecto de Vampire Knight(una serie japonesa). Lo dejo todo bien doblado, lo meto en la bolsa, y me dispongo a ponerme mi mono. Cuando termino, salgo del cubículo y casi me da un infarto cuando me miro en el espejo. Que desastre. Parezco no se el qué. Encima, me queda muy grande. Tanto que Jules podría meterse dentro conmigo, y aún así sobraría.
No hay que perder la calma, me digo a mi misma, en un intento nada convencido de tranquilizarme, solo es un mono, y aquí nadie te conoce.
“Ni querrán conocerme”, pienso, abatida.
Cuando salgo del baño, la mujer me mira de arriba abajo, para luego ofrecerme un seco asentimiento.
-Perfecto-dice, otra vez con esa sonrisa tirante de quien sonríe más bien poco-te queda estupendo.
“Si, parezco la Campbell”, pienso con resentimiento.
La mujer, que resulta que se llama Stevens, como se puede comprobar en su chaqueta azul marina muy oscura, bordado con letras grises, me guía hasta un ascensor de aspecto destartalado. Por lo menos hay ascensor, Alex, me digo.
Cuando entramos, Stevens pulsa el botón número 5. El cinco. Un número que odio.
Primero, por que, desde que se fue mi padre, mi madre ha tenido cinco novios, a cada cual mas grosero y violento.
Segundo, por que es el número de veces que he tenido, la mayoría de los días, que despertar a mi madre después de sus habituales borracheras.
Y tercero, por que es el número de chicas(o zorras, como prefiráis) que forman el grupo de las “ Bratzs”, como las llamo yo. Es decir, un grupo de idiotas, remilgadas, pijas y repelentes niñitas que tiene el cuerpo desnutrido y, como consecuencia de ello, la cabeza más grande. En definitiva, una Bratz. Son lo peor del mundo, y como no, van, o mejor dicho, iban a mi clase este año. Yo ya no estoy, lo que supone, seguro, un alivio para ellas. Y para mí, dicho sea de paso.
Llegamos a la planta 5, y la mujer se hace a un lado para dejarme salir. Con un alivio que me recorre todas las partes del cuerpo observo que hay habitaciones para cada persona, o como mínimo, para dos.
-La tuya es la primera-dice, avanzando hacia el objeto de su afirmación. Saca un manojo de llaves y empieza a buscar una en particular, la que abre mi puerta, supongo.
Después de dos minutos esperando, al final da con la mía.
Cuando abro la puerta, un olor a tabaco se me mete por la nariz y por la boca, lo que me hace toser. Odio el tabaco, al igual que el alcohol y las drogas. lo he dicho. El cinco es mi número de la mala suerte. Me ha tocado convivir durante seis meses con una fumadora.
La chica en cuestión, que me saca un buen trecho y es más bien tirando para rellenita, nos mira a mi y a Stevens con indiferencia. Ni se molesta en apagar su cigarro, o por lo menos esconderlo e inventarse una excusa nada convincente tipo “ no se de que estáis hablando” o “yo no lo puse ahí”.
Simplemente, nos mira y nos dedica una mirada indiferente. Está tirada en la cama, con las piernas apoyadas en unos cojines con mal aspecto. Su pelo es completamente rojo, parece teñido, y sin duda lo es, y tiene una cara redonda, pero es guapa, con unos rasgos muy bien dibujados y definidos. Sus ojos son muy azules, y su piel más bien paliducha. Íbamos a desentonar bastante…yo, que soy morena todo el año…y ella, que parecía más bien la hija bastarda de Drácula….

Sinopsis.

Yo era una chica normal.
Bueno...vale. Una chica normal no haría lo que hizo solo para deshacerse de su madre y pasarse seis meses en un reformatorio de los que ponen los pelos de punta...por lo que me reitero: NO soy una chica normal.
Y si a todo ello le sumas una compañera de cuarto un tanto extraña y un chico misterioso de esos que quitan el hipo...bueno...se obtiene esto.
Ahora, me esperan seis meses apartada de la civilizacion...espero sobrevivir al Jonh stones...

Alex Foster solo quería una cosa: deshacerse de Joan.
Y lo consiguió...mas o menos.
Internada durante seis meses en el reformatorio inglés Jonh Stones, Alex deberá afrontar una serie de extrañas y amenazadoras situaciones que convergen en un mismo punto: Adrian Gray.
Con la ayuda de su nueva e inseparable amiga Cassie, intentaran por todos los medios desentrañar el misterio que envuelve al chico arisco...
pero nadie les dijo que lo que encontraran...fuera a gustarles.